Lo que es un hecho es que está muerto
lunes
diciembre 01 08
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MN
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Quizá murió de inanición, de abandono o de un susto que le propinó algún raudo coche con el que se tropezó en el camino. Tal vez, incluso, resulta que alguien lo ayudó a bien morir, o de plano lo mató -o lo matamos todos- de un buen balazo de modernidad entre ceja y ceja.

De aquella su proverbial fiereza sólo quedan los recuerdos, ya difusos al paso del tiempo y de la vida.

Muchas noches, pasadas las diez, me viene a la cabeza su imagen apelambrada que nunca ví, pero siempre temí. Lo imagino mientras cruzo la bella Plaza de Armas llena de jóvenes dispuestos a la convivencia y la diversión, o al caminar por cualquiera de las adoquinadas calles del Centro Histórico de Querétaro, vivas casi como si fuera de día.

Y  pensar que tanto temor me causaba durante mi niñez, y también –lo reconozco con algo de vergüenza- durante esa mi primera juventud, aderezada con los paseos por los alrededores del Jardín Zenea, que entonces se llamaba Obregón.

Cualquier noche de la semana, pero principalmente la del domingo, su inminente aparición era motivo suficiente para que todos desapareciéramos -a más tardar a las nueve- de enfrente de «La Mariposa» -«la nueva», en la esquina de Juárez y 16 de Septiembre- o de «La Calabaza», donde habíamos consumido mucho más tiempo que café o preparados de fresa.

Nadie quería toparse con él; todo el mundo le huía a su mal humor y sus siempre prestos instintos asesinos.

No sé si alguien de mis contemporáneos lo vio en vivo alguna vez, pero ninguno de mis conocidos cercanos puede asegurar tal experiencia sin mentir.

Yo, por supuesto, nunca tuve el disgusto de topármelo al doblar cualquier esquina, aunque antes de irme a casa, desde la puerta de «La Mariposa», lo imaginé muchas veces bajando por la calle 5 de Mayo -en ese entonces aún con tráfico vehicular- y desembocando en un Zenea ya ausente de paseantes.

Dicen que lo soltaban a las nueve.

También ese fue siempre un enigma sin resolver: ¿quién o quienes lo soltaban, y por lógica, lo volvían a amarrar antes de que amaneciera?

Seguramente quienes lo hacían se hartaron un día de mantenerlo y decidieron suministrarle raticida en sus croquetas, o lo que es peor, dejaron de soltarlo hasta que la soga que lo mantenía sujeto por el cuello se hizo vieja y se pudrió.

Lo que es un hecho, como digo, es que está muerto.

Y es mejor así. No podría hacer valer su condición de rey de una selva de adoquines rosados y portales novohispanos, entre tanta gente, entre tanto ruido, entre tanto mundo.

Siempre supe que al león lo soltaban a las nueve.

Era un león queretano y tranquilo, siempre dispuesto a gozar de su soledad. Deambulaba por las calles, escuchaba las campanadas nocturnas del reloj de San Francisco, husmeaba frente al Cine Plaza, olía las cenizas de los puros de los parroquianos de «La Flor», correteaba a algún gato aventurero y descansaba un rato al pie de las águilas del monumento a doña Josefa Ortiz de Domínguez.

Creo que nunca nadie lo vio. Acaso algún borrachín trasnochado que achacó la visión a los efectos del alcohol, o algún niño que, esperanzado, miraba desde la ventana, tratando de ver la llegada de extraños visitantes cualquier madrugada de seis de enero.

Lo que es un hecho es que hoy está muerto. Lo mató la modernidad de una ciudad abierta, como nunca, a las opciones nocturnas.

Las noches del Querétaro de hoy son vivas y a ratos hasta ruidosas, ofrecen distracciones y oportunidades diversas de bien comer y beber, cobijan a multitudes dispuestas a convivir con los silenciosos testigos de sus fuentes, sus portales, sus jardines y sus fachadas virreinales.

En una ciudad que puede vivir tanto y tan bien de noche, no hay cabida para un león aquejado eternamente por el insomnio.


Categorias: Vida nocturna, Historia  |   |  Comentarios [9]
miércoles
diciembre 03 08
Comentario de Julieta
Conocí a una familia de queretanos, muy queretanos, al llegar aquí, hace ya 18 años. Me contaron esta anécdota: el señor de esta familia, en sus años mozos, por ahí en la década de los sesentas, exploraba el mundo. Un día sus andanzas lo llevaron a demabular a plenas deshoras (dice que eran como las diez de la noche) por el centro; creo que por la ahora Plaza de Armas. Y lo detuvieron unos oficiales. El delito: andar suelto a esas horas no decentes. Y lo aprehendieron por una noche. Este señor muy muy decente pasó una noche tras las rejas. Al liberarlo, a la mañana siguiente, el guardia fue muy claro cuando le dijo "joven, agradezca que hoy amanece Usted con vida, porque si no lo hubiéramos metido al bote, el león sí se lo come".
miércoles
diciembre 03 08
Comentario de Jorge
¿En serio es real esto del león? Yo llegué a Querétaro hace seis meses y me comentaron de este león, que según lo tienen cerca de los arcos, y bueno, esa historia me pareció de fantasía. ¿En realidad sacaban al león?
jueves
diciembre 04 08
Comentario de Anne
Mentiras. No dejarían a un animal así andar por las calles. Obvio alguien hubiera sido herido por él o un coche lo hubiera atropellado. Esto es pura leyenda urbana.
viernes
diciembre 05 08
Comentario de Eduardo
En el centro de San Luis Potosí (la verdad es que en todo San Luis) el león sigue vivo; lo sueltan, entre semana, como a las nueve. Los viernes y los sábados sale, siempre puntual, a las once. Pero a los potosinos no les asusta; ellos se esconden media hora antes de que salga. Es extraño; no sé entonces para qué lo sueltan.
viernes
diciembre 05 08
Comentario de Julieta
Es que los potosinos son mucho más diestros con los leones...
jueves
mayo 07 09
Comentario de Viridiana
Llevo 23 años viviendo en Querétaro, o sea, desde que nací, ¡y nunca había escuchado tal historia! Suena interesante y muy tradicional; en fin, indagaré con mi abuelita. De cualquier manera, suena como una anécdota clásica para contar.
viernes
mayo 08 09
Comentario de Jackelinne
Soy de Venezuela y deseo conocer Querétaro. Me parece muy interesante esta historia y muy linda. Me encantan los leones y pienso que sí es verdad. Ustedes son muy dichosos de tenerlo.
jueves
mayo 14 09
Comentario de Erick Arturo
¿Es neta esto del león? Sería una de las cosas más raras que conozco en la vida. Sería bueno saber… Muy extraño… demasiado.
viernes
mayo 22 09
Comentario de El Degue
A mí no me cabe duda: yo una vez lo vi frente a la iglesia de la Congregación, tumbado sobre la escalinata del atrio. Y me miró a los ojos, como un saludo.
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